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Novela universal


per Julià Guillamon


De guardia en la Sierra Calva, en el frente de Aragón, el teniente Lluís de Brocà, distingue en la carena la figura de un hombre alto y flaco vestido con pantalones de terciopelo, espuelas y botas de cuero relucientes. En lugar de guerrera, viste, a cuerpo, una camisa azul celeste. Es Juli Soleràs, su amigo de juventud, que deambula, abstraído y espectral, lejos de la línea de fuego. "He vingut a badar –dice Soleràs–. Des d'aquí es veu divinament la batalla: les posicions enemigues i les pròpies, el moviment de les tropes, la trajectòria de les bombes dels morters del 85 –com en els gravats del segle XVIII–; els pobres que hi prenen part, en canvi, no veuen res. Els arbres no els deixen veure el bosc i d'altra banda tenen prou maldecaps". Pienso en este episodio mientras subo la cuesta hasta el número 2 de la calle Mare de Déu del Pilar, una casita autoconstruida, donde nos espera Núria Folch i Pi, una mujer excepcional. que ha consagrado los últimos años de su vida a preservar la memoria de Joan Sales.

En esta casa, adquirida a un tramviaire, en 1948, de regreso del exilio, se redactaron aquellas páginas extraordinarias en las que el alférez Cruells describe el frente amodorrado y la primera blitzkrieg de la historia. Aquí se puso, negro sobre blanco, el demoledor retrato de la retaguardia, con el director del Comissariat de Propaganda, Llibert Milmany, paradigma del cinismo, y aquel episodio de la columna blindada que, cuando ya está todo perdido, los hombres del teniente-capitán Picó hacen saltar por los aires, entre irracionales manifestaciones de júbilo. Aquí se escribió Incerta glòria,una de las mejores novelas catalanas de todos los tiempos. Mientras al pie de esa Sierra Calva que es el Carmelo, el frente continuaba abierto y la batalla seguía en su fragor. Hace unos días Xavier Folch me habló del trascendental encuentro entre Joan Sales y Miquel Bauçà, el poeta mallorquín acababa de llegar a Barcelona, siguiendo las huellas de Blai Bonet. En esta casa se conservan los archivos y el fondo editorial del Club Editor, aquí se editó El mar. Este jardín es el que recuerdo haber visto en la célebre fotografía en la que Mercè Rodoreda y Joan Sales aparecen sentados, repasando un original, o en aquella otra, en la que Sales y Xavier Benguerel conversan en la época de El testament. Aquí se hizo retratar Joan Sales, frente a un paisaje de casitas modestas, la ciudad de los vencidos, que ahora, en la distancia que dan los veinticuatro años transcurridos desde la edición definitiva de Incerta glòria, adopta una dimensión mítica, como un grabado del siglo XVIII o como un paisaje dantesco, en el que la guerra se percibe como una experiencia irreal y al mismo tiempo inseparable de la vida cotidiana, como en las páginas del Carrer Marsala de Bauçà que ando releyendo estos días.

Se me ocurren decenas de razones para recomendar Incerta glòria a todos esos lectores competentes que, de manera incomprensible, desconfían por sistema de todo lo que se escribe en catalán. Empezando por el personaje de Lluís de Brocà. Su llegada a Castel de Olivo, sus primeras impresiones del frente, la visión de Soleràs, sirviendo en la ametralladora, solo frente al enemigo, poco después desaparece, sus superiores le encuentran en un cueva leyendo una novela pornográfica. El testimonio del irracional comportamiento del amigo convierte a Lluís de Brocà en un reflejo del Marlowe de El corazón de las tinieblas. La descripción del IV batallón está trazada con un detalle y un acierto narrativo que revelan un profundo conocimiento de la técnica periodística. Los discursos de Picó, sobre la higiene y la cultura, la anécdota del asistente herido en las nalgas, los cantos del enamoradizo Gallart y la esperpéntica "brigada dels peus plans": Sales mezcla el episodio grave con la anécdota grotesca, como en los mejores reportajes de guerra. Pero desde las primeras páginas Incerta glòria rebasa los límites del reportaje para erigirse en cosmogonía. En uno de los episodios cruciales de la primera parte compara a la viuda del cacique local con el plegamans, la mantis religiosa, y para fundamentar esta analogía cita una página del gran entomólogo J. H. Fabre. En los Souvenirs entomologiques, Fabre examinó experimentalmente el comportamiento de los insectos y describió el instinto como una demostración tangible de la mecánica del universo. Espasa Calpe los publicó en los años treinta y alcanzaron una gran celebridad. La cita, con el título Prodigis de l'instint en els insectes, parece sacada de la traducción de Villaverde ¿No podría haber influido también la revista D'Ací i d'Allà que en el número de abril de 1923 publicó un resumen de la obra de Fabre? Por aquellos años en D'Ací i d'Allà se anunciaba a toda página la leche condensada El Pagès que tanta importancia tiene para el desarrollo de la novela. Oficial de intendencia, Soleràs sustrae cajas enteras de leche para llevárselas a Trini, la mujer de Lluís, que se ha quedado en Barcelona con un niño pequeño. "Ahir vam encetar l'última d'aquelles caixes de pots de llet condensada marca El Pagès ¿voldràs creure que conservo totes les altres, buides, com un record?", escribe Trini a Soleràs en una de sus cartas. Lo que nos lleva a un segundo factor de capital importancia para situar Incerta glòria. La novela no se limita a abordar la guerra de 1936-1939, y proyecta una mirada crítica hacia los años anteriores al conflicto. Sales entendía que el 18 de julio supuso el inicio de una guerra contra Catalunya, destinada a anular los efectos de la Renaixença, que representaría fatalmente la desaparición de un mundo. La novela pasa revista a ilusiones perdidas de la juventud, inseparables de la banalidad y la charlatanería de la sociedad de 1930: la propaganda y el periodismo, los cactus y los concursos de Miss, el federalismo y el anarquismo, los movimientos universitarios, el freudismo, el comunismo y el existencialismo, el amor libre y el mito del barrio chino, en una combinación de recuerdos y aventuras personales que Sales atribuye alternativamente a los tres narradores: Lluís de Brocà, Trini Milmany y el ex seminarista Cruells. Incerta glòria lanza una mirada retrospectiva sobre el pasado inmediato, no muy distinta de la que se puede rastrear en los Quaderns de l'exili. Hay una voluntad de intentar comprender, asimilar el trauma y razonar la debacle. Esta interrogación sobre la vida de los años veinte y treinta es una constante de las novelas de la diáspora, de Laberint de Domènec Guansé a La plaça del Diamant de Mercè Rodoreda y de La família Rouquier de Benguerel a El món de Joan Ferrer de Cèsar August Jordana. En Incerta glòria está articulada de manera superior, como un maravilloso tapiz en el que la religión no se entendería al margen del comportamiento animal, ni las ideas filosóficas sin la estrategia militar.

En tercer lugar tenemos a Soleràs, intoxicado de literatura, hipócrita y vicioso. Sus fugaces apariciones se acompañan de declaraciones efectistas: el recuerdo de los antros del barrio chino, el retorno a casa de la tía, con la vejiga a punto de explotar, y la interminable meada en la puerta de la chica con quien la familia "li vol fer de bo", la imagen del beso como la unión de dos tubos digestivos o la aparición en la trinchera, entre cráneos chicos y el cartel "Dejad que los niños se acerquen a mí". Un Kurtz descerebrado en una jungla seca. Que al mismo tiempo se presenta como un hombre dulce y solícito con Trini, en una dualidad perfectamente construida que se mantiene hasta el final. Soleràs es un personaje inquietante que encarna la corrupción y el fin de una época, la imposibilidad del heroísmo y la dudosa salvación a través de la obra de arte. Soleràs se sitúa en el centro vacío de la novela, que Brocà, Trini i Cruells intentarán colmar a través de la aventura, del amor y el sacrificio. Mensaje a las Termópilas: la emoción tan intensa que provoca Incerta glòria, no proviene de una reconciliación basada en el olvido, sino de una comprensión profunda del fenómeno de la guerra, de todos los conflictos y contradicciones que la guerra saca a la luz, y que persisten en la vida civil, como el propio Sales se encarga de advertir en la cuarta parte de la novela, El vent de la nit.

Aviso para imparables: Incerta glòria es una novela de ideas sin sombra de oportunismo y arribismo, no es un libro de temporada sino la obra de toda una vida.

Dirán que es provinciana y anticuada, que la pérdida del tren del Renacimiento la dejó fuera de la weltliteratur, que una lengua minorizada y vacilante le impide abordar los grandes temas unilas versales. Eppur si muove...




La Vanguardia, 9 de marÁ 2005